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fuente:www.neoteo.com

Desvaríos nucleares

70 años después de las explosiones de Hiroshima y Nagasaki, las preguntas continúan. No existe la total certeza de que el hongo atómico no volverá a ser usado y la Historia registra varios momentos alarmantes.

Publicado: 2015-08-09

Siete décadas después de las tragedias de Hiroshima y Nagasaki, todavía la Cruz Roja sigue atendiendo a sobrevivientes con secuelas de las explosiones (unos 10 mil hasta el año pasado, según la agencia EFE) y sigue el debate sobre si era necesario echarles fuego atómico a estas ciudades. E incluso flota en la atmósfera la pregunta -digamos histórico-radiactiva- de por qué se apuntó a la segunda ciudad si la primera ya había sido tan brutalmente devastada.

Seichiiro Misse, un ‘hibakusha’ (‘persona alcanzada por una bomba en japonés) me contó el año pasado, al entrevistarlo durante su paso por Lima (&), que cuando ocurrió lo de Nagasaki nadie tenía una clara conciencia de lo que había acontecido en Hiroshima tres días atrás. Se sabía que era una nueva bomba, pero no mucho más. Quizás como ahora no se sabe bien qué guardan los arsenales atómicos de las grandes potencias, más allá de su retórica 'políticamente correcta'.

Según la ONU, las cabezas nucleares en el mundo suman hoy alrededor de 26,000. La cifra no es exacta precisamente porque, en casos como los de Israel o Corea del Norte, no hay una información precisa sobre lo que realmente tienen. Es más: no se quiere ofrecer, por la penosa razón de que estos países y otros dos más (India y Pakistán) no han firmado o se han salido del Tratado de No Proliferación Nuclear (TNP), que existe en nuestro asustado planeta desde 1968.

Dicho tratado, en rigor, no es justo. Se inscribe de algún modo en la corriente de las Relaciones Internacionales denominada ‘Realista’, pues asume las aplastante realidad del Poder en el mundo y otorga a cinco grandes potencias –Estados Unidos, Francia, el Reino Unido, China y Rusia- el derecho de poseer, sólo ellas, armas atómicas. Los otros países, en teoría, no las podrían tener; de allí los líos ocasionados con Irán, amainados recientemente con un acuerdo firmado en julio.

Esos cinco países son los miembros permanentes del Consejo de Seguridad, el organismo con más decisión y posibilidades de presión en el Sistema de Naciones Unidas. Esto debería dar una idea del peso real que sigue teniendo el poder nuclear en el mundo. Y como es que continúa siendo un riesgo fatal. No tenemos todavía –como señalaría Erich Fromm, el notable psicoanalista que escribió sobre el tema- “una política que nos haga capaces de evitar una catástrofe”.

Durante años, se ha estrangulado políticamente a Irán, para que no haga la bomba, y finalmente se ha conseguido. Pero a Israel, que según numerosos indicios (la inteligencia norteamericana incluida) también la tiene, no se le arrincona de la misma manera. A Corea del Norte, que más bien sí hace gala, hasta con alguna torpeza, de sus armas atómicas (bastante pobres, por lo demás), se le asfixia de un modo similar, lo que hace olvidar algunos episodios no muy lejanos.

Increíblemente, durante la Guerra de Corea (1950-53), uno de los primeros episodios ríspidos de la Guerra Fría, la bomba atómica estuvo a punto de ser usada no una, sino varias veces. Uno de los promotores de que se volviera a soltar el espanto –esta vez para controlar el avance de los chinos, que apoyaban a Corea del Norte- fue el general Douglas Mac Arthur, considerado héroe de guerra de la II Guerra Mundial. No era, en verdad, muy heroico lo que planteaba.

Propuso usar unas 30 artefactos nucleares en el escenario bélico de la península coreana, y hasta echar “una línea de cobalto radioactivo” para contener a las tropas enemigas. Aunque Harry Truman, el presidente norteamericano de entonces y quien tomó la decisión de atacar Hiroshima y Nagasaki, tenía constantes altercados con él, también consideró que esta locura era una opción.

Cuando se mira en perspectiva todos estos hechos, es posible entender mejor por qué la espada de Damocles atómica flota continuamente sobre las Coreas de hoy. Y por qué la dinastía de Kim il Sung no es la única responsable de que esto sea así. Fue allí, en ese lugar que llamamos ‘Extremo Oriente’, donde casi se vuelve a cometer la extrema estupidez de soltar una bomba atómica. Solamente unos pocos años después de que Japón conociera ese apocalipsis.

En el tiempo que viene de Hiroshima y Nagasaki al presente, además, hubo asimismo pequeños accidentes que estuvieron a punto de provocar otra hecatombe. El 9 de noviembre de 1979, por ejemplo, un computador norteamericano prehistórico registró, por error, un presunto ataque soviético con misiles nucleares soviéticos sobre territorio norteamericano. Por fortuna, no hubo un orate entre los que observaban el episodio, por lo que no hubo ninguna reacción impensada.

Por lo menos tres sucesos similares más ocurrieron en Estados Unidos y en la extinta Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) en los años siguientes, que fueron los que tal vez alimentaron la leyenda urbana global de que el destino del mundo “dependía de un botón”. No era algo tan delirante, si se tiene en cuenta que la Crisis de los Misiles de 1962, ubicada en la hora reciclada Cuba, estuvo a punto de provocar una guerra nuclear entre ambas potencias.

Los ejercicios militares ‘Able Archer’ realizados por la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) en 1983, en una zona de Bélgica, fueron otra ocasión en la que flotó el fantasma nuclear, pues la URSS llegó a ponerse en guardia al creer que se trataba de un ataque inminente y verdadero. Se podría pensar que ahora, con la caída de los muros varios y la cacareada globalización, esta amenaza se ha disuelto, pero eso es ser demasiado bienpensante.

En mayo pasado, la Conferencia de Revisión del TNP realizada en Nueva York tuvo un naufragio inquietante. Una moción presentada por Egipto, para que en el 2016 se realizara una reunión que buscara eliminar las armas nucleares de Oriente Medio, no fue aprobada. Ban Ki-Moon, el secretario general de la ONU, mostró su decepción por ese resultado. Fue, al mismo tiempo, un pésimo homenaje a la víctimas que, hace 70 años, cayeron incinerados en la pira atómica.

(&) El Instituto de Derechos Humanos de la Pontificia Universidad Católica del Perú (IDEHPUCP) oeganizó una conferencia en la que estuvieron presentes, en mayo del 2014.


Escrito por

Ramiro Escobar

Periodista. Especializado en temas internacionales y ambientales.


Publicado en

Kaleidospropio

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