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El Papa y el calvario mexicano

Publicado: 2016-02-13

Prueba de fuego, y de juego, para el sagaz Francisco: llegar a un país convulso, atravesado por violencia múltiple, sumido en la impunidad, con niveles de pobreza escandalosos, con serios casos de abuso infantil protagonizados por sacerdotes, con el problema migratorio clavado encima y…poder decir algo justo, necesario, realmente evangélico. De todos los viajes hechos hasta ahora por el Papa No.266 de la Iglesia Católica Romana, quizás este sea el más crucial.

De allí que le haya dedicado tanto tiempo: seis días. Tiene que interesarle mucho a Jorge Mario Bergoglio decir cosas, hacer gestos, poner el palio en la cancha, como para que en su profusa agenda haga ese espacio-tiempo histórico pastoral para un solo país. México, por supuesto, no es sólo desgracias; es también modernidad, alta cultura latinoamericana, pujanza industrial, lujo incluso. Pero no parece que el objetivo central de este periplo sea bendecir esa “normalidad”.

Entre víctimas, frivolidades y obispos

Sería una decepción monumental, para los mexicanos y para toda la comunidad global, si Francisco no pone algún curita sobre la supurante herida social, si no se echa al hombro la cruz dolorosa de los más humildes, si calla en voz alta. No parece ser su estilo, a diferencia de otros Papas o purpurados, aunque el escenario es complejo. Un signo de la dificultad en el camino pontificio fue dado a conocer hace unos días por la prestigiosa revista ‘Proceso’.

Según la publicación, la canciller mexicana Claudia Ruiz Massieu hizo un viaje relámpago el pasado 22 de enero a Roma, para reunirse con Pietro Parolín, el actual secretario de Estado del Vaticano (que además trabajó en la nunciatura de México entre 1989 y 1992). Es obvio que trataron asuntos terrenales y la obvia presunción es que el gobierno de Enrique Peña Nieto procura amortiguar el efecto de la palabra papal, en asuntos interpelantes como lo de Ayotzinapa.

Algunos familiares de las víctimas del cruel asesinato de 43 estudiantes, ocurrido en septiembre del 2014, estarán en la misa que Francisco celebrará en Ciudad Juárez el miércoles 17 de febrero, a las 4 de la tarde. ¿Qué dirá? La conocida sentencia “solo Dios lo sabe” cobra curiosa vigencia, pues se trata de una tema incandescente para el mandatario mexicano y para el propio Pontífice, que no podrá ignorarlo sin, de alguna manera, aludir a la impunidad.

La ciudadanía menos religiosa, que está allí (no olvidemos que México tiene relaciones diplomáticas con el Vaticano solo desde 1992, y que su Estado es claramente laico), tiene en la mira otras cosas. Una de ellas es la frivolidad de la “familia presidencial”, exhibida por Angélica Rivera, la esposa del Jefe de Estado, propietaria de una mansión de 7 millones de dólares de origen nebuloso. Quien también logró una rauda anulación de su primera boda católica.

Esta se produjo en mayo del 2009, apenas dos meses luego de haber iniciado el trámite; en el 2010, se casaría con Peña Nieto, en la Catedral de Toluca, por todo lo alto, y cuando el actual mandatario ya se perfilaba como candidato (la periodista Carmen Aristegui investigó el caso). Norberto Rivera, el actual arzobispo de México y cardenal, es visto como el artífice de esta meteórica aceptación y es al mismo tiempo un jerarca católico considerado como muy conservador.

En julio del 2014, un mes después de que el Tribunal Supremo de México decretara la validez legal del matrimonio homosexual, su arzobispado emitió un documento en el que sentenciaba que “la Iglesia ama a los homosexuales, por eso rechaza el matrimonio gay”. Una postura, por cierto, bastante más papista que la del actual Papa, quien en su viaje de retorno a Roma desde Brasil, en julio del 2013, soltó su ya legendaria frase. “¿Quien soy yo para criticar a los gays?”

Temas incadescentes

El padre, arzobispo, Rivera no lo ha escuchado, por lo visto y oído. Y otra de las acusaciones más serias que tiene es la de haber encubierto casos de pederastia clerical, concretamente en el caso del sacerdote Nicolás Aguilar. Más aún: no debe esquivarse que México es de los países más golpeados por esta perversidad. Es la tierra de Marcial Maciel, el fundador y jefe de Los Legionarios de Cristo, un hombre que hizo de su vida una monumental farsa en nombre de la fe.

Es inquietante que, hasta donde se sabe, el Papa no haya programado ninguna actividad de encuentro con las víctimas de estos sacerdotes incluso ya sancionados por el Vaticano, como Eduardo Córdova, de San Luis de Potosí. Sí lo hizo en septiembre del año pasado en Filadelfia, con las víctimas de este terrible abuso en EEUU. ¿Qué ha frenado a Francisco en este territorio? ¿Hay otras muchas impunidades que lo impulsaron a elegir?

No se puede decir que el actual Pontífice no ha movido un dedo frente al asunto, pues ha creado una Comisión especial en la Santa Sede, ha sancionado a curas y encubridores, ha sido más proactivo frente a este drama indigno. Pero daría la impresión de que las dimensiones de este y otros problemas en México son demasiado grandes. Cuestionar a Maciel públicamente, por ejemplo, sería poner en tela de juicio a Juan Pablo II, quien lo protegió.

Lo de Ayotzinapa tampoco es un expediente fácil. Hablar claro sobre ese crimen monstruoso implica tocar nervios sensibles del gobierno mexicano, del propio mandatario, quien tardó mucho en ponerse diligente con el caso de los estudiantes asesinados. Significaría, a su vez, poner en cuestión al sistema de justicia mexicano, a la propia policía acusada de estar vinculada a los grupos mafiosos. En suma, llevaría a que pronunciara un discurso francamente antisistema.

¿Y el mundo indígena y su pobreza invencible? Como en muchos otros países de América Latina, México tiene a su población originaria arrinconada por las necesidades. Por lo menos el 70%  de los 55.3 millones que están en situación pobreza pertenece a algunas de las más de 60 etnias que pueblan desde hace siglos esta tierra, incluyendo el estado de Chiapas. Allí Francisco hará una misa el lunes 15 de febrero; allí donde están los más pobres del país.

Una plegaria por los ninguneados

Es posible que recuerde al obispo Samuel Ruiz, fallecido el 2011, gran defensor de los indígenas a costa de calumnias y acusaciones. Si se entropa con él, con la gente más humilde, hará la diferencia. Si acoge la actitud del obispo de la diócesis de Saltillo, Raúl Vera, quien no tuvo problema en bautizar a la hija de una pareja de lesbianas, también. México en un escenario privilegiado para que muestre qué tan cerca está de la opción preferencial por los pobres.

Por supuesto, que simultáneamente tendrá que moverse en las grandes esferas del poder, entre las autoridades y personas más privilegiadas. A su vez, tendrá que invariablemente hablar sobre el narcotráfico, acaso señalar a sus crueles ejecutores, o para exigir que la violencia sea exorcizada. Es el momento de pensar si Joaquín “El Chapo” Guzmán lo escuchará contrito desde su celda, o si Los Zetas acusaran recibo de las prédicas urgentes del Obispo de Roma.

Por si no bastara, el tema de la migración lo alcanzará cuando vaya a Ciudad Juárez, junto con el del feminicidio. En esa ciudad será su despedida, el miércoles 17 de febrero por la tarde, luego de varios días en los que su verbo podrá ser, mucho más que otras veces, carne y esperanza, en un país donde el catolicismo aún es mayoritario. En un territorio donde tan difícil como ser periodista es ser cura, precisamente porque la palabra pretende todavía enfrentar a la violencia.

Francisco extenderá la mano al otro lado de la frontera entre México y EEUU; Francisco se reunirá con presos, dará misa a los indígenas, les hablará en sus lenguas; Francisco irá a hospitales y se reunirá con monjas, curas y obispos; Francisco irá a la Basílica de la Virgen de Guadalupe, el epicentro de la fe mexicana. Francisco, en fin, no podrá evitar que su presencia y sus oraciones, sus frases y sus rezos, toquen el corazón del México lindo pero sufrido de este tiempo.

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Escrito por

Ramiro Escobar

Periodista. Especializado en temas internacionales y ambientales.


Publicado en

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