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fuente: afp

Ataque al corazón de Europa

Publicado: 2016-03-22

Los yihadistas del autodenominado ‘Estado Islámico’ (EI) han atacado nuevamente en Europa y esta vez lo han hecho en Bruselas, la sede del Parlamento y la Comisión europeos, dos organismos centrales del gran bloque regional. Parece haber un cálculo cruel y preciso en eso, que además se anuda con otros factores que han desatado esta ola de espanto casi global.

Bélgica está en la coalición que ataca al EI en Irak, forma parte de la coalición de 60 países, liderada por Estados Unidos, integrada por varias potencias europeas (Francia, Alemania, el Reino Unido) y que incluye a países árabes como Jordania, Marruecos y Qatar. En la lógica de este perverso grupo extremista Bruselas es un objetivo militar, importante y central.

Al golpear allí lanzan un mensaje violento a toda la Unión Europea, en su propia sede, como para confirmar que la guerra que están librando es contra todo este bloque occidental, no sólo contra Francia y algunos de los países más importantes. En el comunicado que soltaron luego de los atentados en Bruselas, esto se hace explícito y se les rotula como los agresores del Califato.

Los fines del Califato, por añadidura, hay que entenderlos: tiene que expandirse, incluso más allá de los cerca de 200 mil kilómetros que controla en Siria, Irak y ahora en una parte de Libia. En el imaginario yihadista podría llegar hasta las zonas de Europa que fueron parte de los Califatos antiguos. Y también hasta países como Turquía o Jordania, estados consolidados de la zona.

De allí el apoyo de varios países árabes a la coalición que ataca a las huestes de Al Baghdadí, el Califa. Lo que está en disputa, según la concepción del EI, es el gobierno de la Umma, la comunidad de todos los musulmanes del mundo, nada menos. Por supuesto, de los que son sunnitas, pues para este grupo los chiítas son solamente unos apóstatas, renegados del Islam.

A este panorama general se suma el hecho puntual de la captura, hace solo tres días, de Salah Abdeslam, uno de los perpetradores de los atentados del 13/11/15 en París. Todas las piezas se juntaban para que Bruselas apareciera en la mira de este grupo despiadado pero que, en medio de su aparente locura, diseña bien sus objetivos políticos y golpea para causar daño extremo.

Sus actos son repudiables –basta ver el vídeo de los ataques en el aeropuerto de Bruselas para darse cuenta del dramatismo del momento, y de cómo el propósito era matar-, solo que están dirigidos a demostrar persistencia, capacidad de hacer cualquier cosa para mantener su estado informal y su proyecto. Las consideraciones humanitarias no están en su firmamento.

La serie de ataques, por si no bastara, cuando Europa volvía a semi-cerrarle las puertas a los refugiados. Recientemente, se había hecho un acuerdo con Turquía para enviarle a quienes llegan clandestinamente a Grecia, a cambio de recibir a los que ya están en Ankara y a suspender la visa Schengen para los turcos. Hoy, esa decisión gravita políticamente sobre estos tristes hechos.

No faltarán, en algunos países europeos, quienes apuesten por extremar aún más el cerrojo, en la creencia de que es el flujo de personas que huyen el que trae el mal al espacio comunitario. Asunto harto discutible, porque entre otras cosas algunos de los agentes del EI ya estaban viviendo allí o son, en no pocas ocasiones, personas que nacieron en Francia, Bélgica u Holanda.

El grupo extremista ya comienza a funcionar como Al Qaeda, a manera de una especie de franquicia que activa lealtades entre jóvenes que deciden volverse combatientes, para lo cual pueden viajar a los propios dominios del EI o actuar en territorio europeo. Es una realidad complicada, que vista ligeramente puede alimentar a las ultraderechas más desatadas.

¿Cómo encontrar el delicado punto de equilibrio? Ya que el ataque ha sido contra el corazón de Europa, la respuesta debe ser conjunta. Ponerse de acuerdo entre los 28 países que conforman la UE no es ni va a ser fácil (el problema de los refugiados lo demuestra), pero es menester. La inteligencia, la acción política, el mantenimiento de estándares de derechos humanos es esencial.

Lo peor sería dejar que las posiciones extremas ganen terreno, que se caiga en la desesperación o la descoordinación. La lucha contra el EI es militar y a la vez requiere crear, cada vez más, un consenso mundial frente a estos ataques terroristas. La coalición que ya está en marcha y acción es una ruta, aunque lo que se percibe es que es básicamente militar, entendida como un ejército.

Es posible, por último, que ante los constantes ataque en sus dominios, los yihadistas se sientan vulnerables y pretendan, como ocurrió con los atentados en Francia, desplazar la atención hacia las fronteras mismas de sus propios enemigos europeos. Aún si se tratara de un declive, de un momento de debilidad, el costo de ese giro para defenderse, por parte de los extremistas, es alto.

Europa, me decía una amiga belga que vivió acá, está viviendo ahora lo que ella sabe que vivimos en el Perú. Bajo otras coordenadas, claro, pero en una dinámica parecida y angustiante. Ya se siente que no hay seguridad en la calle, en los locales públicos, en las sedes oficiales. Es el terror aterrizando, de la mano siniestra de los que creen que es un medio legítimo de pelear.

No lo es, en absoluto. Y tan no lo es que la reacción contra este modo de actuar por parte del EI ha venido del propio mundo musulmán, donde están sus principales y más masivas víctimas, aunque hoy no lo parezca. Más de un colectivo de devotos islámicos ha pedido llamar al EI ‘Estado no islámico’. Porque, al final, hace un interpretación de una fe que tiene otros caminos.


Escrito por

Ramiro Escobar

Periodista. Especializado en temas internacionales y ambientales.


Publicado en

Kaleidospropio

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