no le saca la vuelta a la ley

fuente: reuters

Tiempos huracanados

El huracán 'Irma' y otros fenómenos sacuden nuestras certezas. No hay buen pronóstico para los políticos que ignoran la conexión entre clima y sociedad.

Publicado: 2017-09-10

Terremoto en México, huracanes en El Caribe, inundaciones en la India, Bangladesh y Nepal. Antes el Niño Costero en el Perú, y siempre –siempre- la constante lucha entre el hombre y el entorno, la dificultad para convivir con la naturaleza, a pesar de que somos parte de ella. La perenne insistencia en sobrevivir, más allá de toda tempestad o sismo. 

Una de las cosas que se ha dicho, para explicar la impronta furiosa de ‘Irma’ en el Atlántico, es que es un signo más, inequívoco, del cambio climático. Aun cuando no existe un consenso científico pleno, o mayoritario, sobre el tema es una afirmación atendible; se trata de un llamado de alerta que no puede ser ninguneado en primera.

Recuerdo haber conversado sobre este tema, hace unos 7 años, con Michel Jarraud, ex director de la Organización Meteorológica Mundial (OMM), en Bello Horizonte (Brasil). Fue muy claro, al explicarme que no había evidencias contundentes de que El Niño, o los huracanes, se hicieran más frecuentes o intensos por el calentamiento global.

Al final de la conversa, sin embargo, añadió algo apurado que “los indicios eran crecientes”. En otras palabras, aunque la ciencia es cauta en dar por hecho la relación entre un fenómeno y otro, la recurrencia de signos que alimentan las hipótesis va generando nuevos consensos en torno a lo que antes eran meras especulaciones.

Es lo que parece estar ocurriendo en estos momentos. Si bien no hay, digamos, el pronunciamiento oficial de algún organismo de peso, como la OMM o el Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC, por sus siglas en inglés), hay señales que apuntan a que está aumentando el riesgo fenómenos más intensos.

Una de las razones es que la temperatura del mar ha subido, tal como lo ha declarado Enrique Maurtua Konstantinidis, director de Cambio Climático de la Fundación Ambiente y Recursos Naturales (FARN), al diario La Nación de Argentina. En suma, la propia realidad pronto podría confirmar lo que hasta ahora son sospechas atmosféricas.

Si las cosas son así, o aún si fueran así recién en un futuro mediato, no es descabellado comenzar a hacer un link de urgencia entre la ciencia, la política, la política y las sociedades que soportarán y soportan estas arremetidas del clima, o de la Tierra en general. No es tiempo favorable, por ejemplo, para negacionismos climáticos tercos.

Es por eso que Donald Trump ha sido puesto en la mira de las críticas cuando en Estados Unidos ha arreciado una temporada de huracanes poco usual. De acuerdo, no es la primera vez (las habido otros años), pero el modo en que le ha bajado la llanta a la notable legión de científicos norteamericanos que se ocupan de estos tema es alarmante.

Y las pruebas huracanadas de su tozudez están allí. Su proyecto de presupuesto para el 2018 recorta, dramáticamente, los fondos para las investigaciones científicas y el tema ambiental. El programa de investigación oceánica y atmosférica sufriría un recorte del 32%, y el del estudio del clima 19 %. Todo un ciclón de frívola irracionalidad.

Dados los hechos que se están presenciando, es posible que se venga una batalla en el Congreso sobre este tema. Pero Trump ha demostrado, de momento, que en ese tema no le entran balas, que le interesa más el gasto bélico, o la indignante ampliación del absurdo muro que separa a México de su país. Ni ‘Irma’ parece moverle demasiados pelos.

No es un líder para estos tiempos en los cuales, muy probablemente la política tendrá que hacerse más ambiental, por la fuerza de las circunstancias o hasta los vientos. Y, por supuesto, no es el único mandatario, o persona influyente, que adolece de esta miopía. Vladimir Putin es, en su propio ecosistema y país, otro negacionista, al menos relativo.

Da miedo pensar que las sacudidas del planeta no estén en consonancia con el manejo del poder. Históricamente, los terremotos, huracanes y otros fenómenos de origen natural han cambiado las coordenadas de varios países. México, que ahora enfrenta los estragos de un terremoto en el sur de su territorio, ya lo vivió el 19 de septiembre de 1985.

El monstruoso sismo de aquel entonces, que dejó más de 10 mil muertos, le movió seriamente el piso al monolítico Partido Revolucionario Institucional (PRI). Anunció su declive, como se ha recordado estos días. En Chile, los continuos sismos impulsaron la creación de un Estado más estructurado, capaz de resistir tales remezones naturales y sociales.

En nuestro propio país, el Niño Costero ha hecho nacer el concepto de "reconstrucción con cambios”, por parte de un gobierno que en ese momento tuvo su mejor momento de popularidad. Hay que ser bien despistado, más aún en este tiempo de pronóstico reservado, para no entender que la política no tiene cuerdas separadas de la naturaleza.

Para nada. Lo que estamos viendo, en México o en EEUU, es una prueba de fuego, o de viento y tierra si se quiere, para las políticas públicas de ambos países. Lo que hace poco ha pasado en Bangladesh, la India y Nepal, donde las inundaciones han traído muchas más desgracias, es un signo de lo que pasa cuando el Estado no se prepara para la tormenta.

Los propios medios, con frecuencia, ignoramos estas conexiones, o la injusticia que también se revela cuando se agitan estos eventos. No medimos la distinta magnitud de las tragedias, no explicamos bien lo que hay en el subsuelo, o en el ojo de huracán de estas. Seguimos hablando de “desastres naturales”, cuando en realidad estos son sociales.

‘Irma’ pasará, pero vendrán luego otros ciclones, ya sea en esta parte del mundo, donde son llamados huracanes, o en el Asia, donde se les denomina tifones. México se levantará de este nuevo sismo, y próximamente sobrevendrá otro, en otro de los tantos rincones del planeta que solo esconden un potencial nuevo movimiento sin fecha fija.

Lo que no puede pasa ahora es que ignoremos, de manera clamorosa, la imposibilidad de hacer política sin tener en cuenta estos fenómenos. La propia realidad huracanada del entorno se encargará, en cualquier momento, de tumbar nuestras certezas únicamente económicas o consumistas.


Escrito por

Ramiro Escobar

Periodista. Especializado en temas internacionales y ambientales.


Publicado en

Kaleidospropio

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