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foto: AFP

Cuando se derrumban las certezas

Sobre cómo los terremotos de México podrían producir, como ya ocurrió antes, notables sismos en el ecosistema político y social de este país.

Publicado: 2017-09-21

México ha temblado, no una sino dos veces en menos de 15 días, con una violencia solo comparable a la que azota buena parte de su territorio por los golpes, acaso telúricos, del crimen organizado. Los sismos que han sacudido el sur y el centro del país se han juntado en un haz casi macabro, y es posible que provoquen también otros remezones.

Ya no en las placas tectónicas, si creemos esperanzadamente en la teoría aquella de que la energía liberada nos libera de otro gran terremoto (algo que algunos sismólogos cuestionan). Pero sí, de todas maneras, en la sociedad, en la cultura, en la política, en la economía. Porque es evidente que un evento de esa magnitud provoca esas réplicas.

Ocurrió luego del igualmente violento terremoto de 1985, que irónica y terriblemente, también zarandeó al Distrito Federal (DF) un 19 de septiembre, solo que poco después de las 7 de la mañana. Entonces como ahora, se desplegó una inmensa ola de solidaridad ciudadana, que no se quedó solamente en una abnegación ciudadana momentánea.

Ante la ineficacia -francamente dramática, según los testimonios de la época- del gobierno de Miguel de la Madrid, los habitantes de la capital tomaron por varias días el control de parte de la capital, llevaron adelante las labores de rescate, el ordenamiento de los víveres e incluso la dirección del tráfico. Fue una reacción moral y social de gran magnitud.

La antropóloga Alejandra Leal Martínez, de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), ha escrito de manera solvente sobre el tema en un texto denominado “El despertar de la sociedad civil: el sismo del 85 y el neoliberalismo”. En el mismo, explora la manera cómo la categoría ‘pueblo’ se convierte en ‘sociedad civil’.

Es algo parecido a lo que sostuvo el gran cronista de esa megaciudad, Carlos Monsiváis, cuando en su libro “Entrada libre: crónicas de la ciudad que se organiza” afirma que es en esos días aciagos del sismo pasado que el término cobra auge. “Sociedad civil-escribe – es el espacio de autogestión y solidaridad, el espacio independiente del gobierno”.

Es lo que estamos viendo en estos días, en medio de los escombros, y coincidentemente en tiempos en que ha retornado al gobierno el Partido Revolucionario Institucional (PRI), de la mano de Enrique Peña Nieto (De la Madrid era de la misma agrupación). De allí que lo que hoy presenciamos tal vez lance una alerta sísmico-social de lo que se viene.

Por si las coincidencias no fueran suficientes, tras el terremoto del 85 también se buscó sin descanso a un niño presuntamente llamado “Monchito”, al que como en el caso de la niña Frida Sofía de estos días nunca se encontró. ¿Qué otras claves encierran estos dos eventos naturales que están marcando, de manera trágica, la historia reciente de México?

Después del terremoto de 1985, esa sociedad civil bullente mutó hacia una suerte de movimiento social que devino en la transformación de la política mexicana. Surgieron la Coordinadora Única de Damnificados (CUD) y otros grupos que, en buena medida, protagonizaron lo que el periodista Aldabi Olvera llamó una “insurgencia social”.

Pocos años más tarde, en 1989, el monolítico PRI, dominante por décadas, se partió y surgió el Partido de la Revolución Democrática (PRD), al mando de Cuauhtémoc Cárdenas. Más tarde, en 1997 y por exigencia ciudadana, el DF pasó a tener una Asamblea Legislativa y un Jefe de Gobierno. El primero de ellos, por supuesto, fue Cárdenas.

Desde ese año, la Ciudad de México tuvo siempre un gobernante del PRD (el actual es Miguel Ángel Mancera). Se tendría que esperar hasta el 2000 para que el PRI cayera a nivel nacional y llegara a la presidencia Vicente Fox del Partido de Acción Nacional (PAN). Todo esto fue, en buena medida, una consecuencia del gran movimiento sísmico.

En 1985, por añadidura, las medidas de prevención no eran notables. Una de las resacas del dramático evento fue que, al poco tiempo, se creó el Centro Nacional de Prevención de Desastres (CENAPRED). Si el terremoto del pasado martes 19 no tuvo tan funestas efectos como el del 85 (26 mil muertos, según la CEPAL), fue porque algo, a punta de dolor, se aprendió.

Pero, como hemos escrito varias veces, los desastres no son naturales, sino sociales. En el siglo pasado, México ya cargaba enormes problemas económicos, sociales, políticos. Hoy, si bien se han caído menos casas y no hay tantas víctimas (el terremoto ha sido algo más leve, además), hay tragedias permanentes, que provocan grandes derrumbes sociales.

La desoladora violencia del crimen organizado, la corrupción, la desesperanza por el imperio de la impunidad no han cesado, y hasta han crecido, como si no las movieran ni los sismos. El gobierno de Peña Nieto es impopular, se le percibe como frívolo y poco sensible a escándalos tan grandes como el asesinato de los estudiantes de Ayotzinapa.

En julio del 2018, habrá elecciones generales y no se avista un claro ganador. Siguen apareciendo ciudadanos muertos, periodistas y de otros oficios, por decenas. Y para más desolación ahora México tiene al lado a Donald Trump, el presidente nortemericano, un vecino insultante obsesionado con extender muros en vez de construir puentes.

Bueno, pues, es posible que todos estos escenarios álgidos del presente se vean también remecidos por los sismos. Es difícil que no sea así, me arriesgo a decir, porque los fenómenos naturales inciden, directa e inevitablemente, sobre las sociedades humanas, no sólo derribando casas y edificios; simultáneamente, tumban certezas y previsiones.

No sabemos quién ganará las elecciones del próximo año. O si la violencia social bajará ante la violencia proveniente de la naturaleza. Tampoco sabemos si el presidente demolerá esa impunidad que, ni los terremotos ni el Estado, han podido sacudir. Lo que es seguro es que la sociedad civil mexicana puede volver a irrumpir, con fuerza. Está sacudida...


Escrito por

Ramiro Escobar

Periodista. Especializado en temas internacionales y ambientales.


Publicado en

Kaleidospropio

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