no es apología, es memoria

Santiago y Francisco

El momento más intenso del viaje del Papa al Perú se vivió, al parecer, en Puerto Maldonado. En ese lugar de Madre de Dios donde se juntan, como en un meandro amazónico, problemas, memorias dolidas y una lucha persistente.

Publicado: 2018-01-21

Cuando venía de un Chile algo indiferente, donde los auditorios o explanadas no estuvieron al tope. Cuando lo perseguían los cuestionamientos por no ser contundente con los curas que abusaron de menores en ese país. Cuando algunos pensaban que diría generalidades beatas en un territorio conflictivo, el Papa Francisco de pronto resucitó, recuperó oxígeno en plena Amazonía, sacó su vena más social y rascó donde picaba. 

Dio un discurso que podría pasar, digamos, a la historia selvática de la redención, en el cual denunció el ‘neo-extractivismo’, la explotación, la destrucción de ecosistemas y culturas, la minería ilegal, la trata de personas. La esterilización masiva sin consentimiento, incluso. Habló casi como un hombre de Estado, como un líder con poder que defiende a los indígenas, que está con ellos, que no los considera de segunda.

Por no poca añadidura, abrazó a Santiago Manuin, el apu (jefe) awajún sobreviviente del ‘Baguazo’, ese líder que recibió ocho disparos en el cuerpo, durante la tormentosa mañana del 5 de junio del 2009. Ese hombre del monte, y de Dios si se quiere, que fue llevado a los tribunales por ese trance, a pesar de que él era una figura clave para apaciguar los ánimos. Pocas veces la Amazonía ha presenciado un ritual tan decidor.

¿Qué puede sugerir ese abrazo y el momento cumbre en el cual Santiago le pone a Francisco el atuendo awajún? Para algunos quizás solo la anécdota, el requiebro folclórico. Pero no. Cerca –pero lejos en realidad- estaba el poder oficial de nuestro país, representado por el presidente Pedro Pablo Kuczysnki y por la Premier Mercedes Aráoz, que tuvo un controvertido papel en los desgraciados días del ‘Baguazo’.

El Vaticano, y el propio Papa, saben lo que hacen, lo que aceptan y lo que rechazan. Al cruzar regalos y bendiciones con los awajún, y con este apu especialmente, estaban diciendo, con gestos, que la masacre no debió ocurrir, que los indígenas, como ha señalado el Pontífice tantas veces, “no son descartables”. Que los policías muertos tampoco, que el ninguneo a la Amazonía produce espantosas y fatales consecuencias.

Imposible –salvo para ciertos colegas despistados- no acordarse de ese día luctuoso, de los 34 muertos, de la tozudez del Estado frente al problema. De cómo detrás de ese nudo conflictivo, al final roto violentamente, estaba justamente “la fuerte presión por grandes intereses económicos que dirigen su avidez sobre petróleo, gas, madera, oro, monocultivos agroindustriales”, tal como sostuvo el Papa en su alocución selvática.

Bergoglio no necesitó declararse “charapa”, como Juan Pablo II hace más de 30 años, para conectar con la Amazonía en términos más concretos. Se sentía cómodo allí y no es casual, como él mismo lo deslizó, que haya escogido Puerto Maldonado como escenario de su primer encuentro. Desde que está gobernando la grey católica continuamente lanza mensajes a favor de los pueblos originarios y por el cuidado del medio ambiente.

Su encíclica ‘Laudato Si’ (‘Alabado Seas’, en latín), que recuerda al legendario San Francisco de Asís está sembrada de afirmaciones provocadoras. De cuestionamientos sistémicos, no superfluos, a la manera cómo el hombre maneja actualmente los ecosistemas terrestres. En el No.38 de ese documento además, señala explícitamente a la Amazonía, la que llama un “pulmón del planeta repleto de biodiversidad”

Otras citas del texto podrían sonar urticantes para quienes lo han tildado ‘caviar’ o cosas parecidas…“El sometimiento de la política ante la tecnología y las finanzas se muestra en el fracaso de las Cumbres mundiales sobre medio ambiente”, “Las exportaciones de algunas materias primas para satisfacer los mercados en el norte industrializado han producido daños locales”, “Las exportaciones de algunas materias primas para satisfacer los mercados en el norte industrializado han producido daños locales”

Si se buscara una conexión más directa con lo que dijo en Puerto Maldonado, se tiene por ejemplo, esta parte..No.144: “La visión consumista del ser humano, alentada por los engranajes de la actual economía globalizada, tiende a homogenizar las culturas y a debilitar la inmensa variedad cultural”. Ese es uno de los modos en los que los indígenas sufren “crueldades e injusticias”, como clamó ante el Papa Yessica Patiachi, profesora bilingüe de la etnia harakbut. Esa es la triste realidad de todos los días, o de siglos, que prácticamente ningún político peruano denuncia con la misma contundencia.

Francisco también tuvo palabras para los Pueblos Indígenas en Aislamiento Voluntario, esos grupos que, por décadas o siglos, viven el momento huyendo de amenazas diversas, tales como los caucheros, los madereros, los narcotraficantes. Esos que para Alan García no existían, o no importaban; esos que no pocos economistas creen que vivirían mejor con un mall más cercano al bosque que consideran su farmacia.

“Sabemos que son los más vulnerables entre los vulnerables”, sentenció Bergoglio y llamó a seguirlos defendiendo, porque “nos recuerdan que no podemos disponer de los bienes comunes al ritmo de la avidez del consumo”. El Estado peruano reconoce a estos grupos, pero nunca habla de ellos, no los toma en cuenta, al punto que buena parte de sus territorios están concesionados con fines petroleros o de explotación minera.

El sacerdote Pedro Hugues ha dado más precisiones sobre esto en la edición No.248 de la revista Páginas (diciembre 2017). En su artículo denominado “La Amazonía y la visita del Papa Francisco”, recuerda que en nuestro país el ¡84%! de la Amazonía está prevista para fines de producción petrolera, y el 49% de ese territorio está superpuesto sobre áreas naturales protegidas o reservas territoriales indígenas. Nada menos.

Las críticas al discurso del Papa, centradas oportunistamente en decir que ése no es el problema, y que el verdadero mal es la minería ilegal no son justas ni necesarias. No son ciertas, por último. Francisco se refirió a eso en su proclama, al denunciar esa “devastación de la vida” provocada por esta práctica, que incluye “la mano de obra esclava o el abuso sexual”. Solo alguien perdido en la selva de sus ideologías diría que evadió el tema.

Todo lo anterior cobró aún más sentido cuando Bergoglio abrazó a Manuin. Cuando lo acarició, lo bendijo y se dejó bendecir con el atuendo awajún. Fue, acaso, un revival del viejo momento, perdido en los laberintos del tiempo colonial, en el cual el fraile dominico Bartolomé de las Casas abrazó a algún indígena, desconoció la necia idea imperante de que no tenía alma y se dispuso a caminar en justicia junto a ellos.

Un camino por el que también circularon, con genuina fidelidad evangélica, los jesuitas del Paraguay, su congregación de origen. Una ruta, empero, que el Estado peruano no ha abrazado jamás con decisión, y que buena parte de la comunidad católica, o de las autoridades eclesiales también desconoce. Francisco no quiso sumarse a la indiferencia ambiente y clavó sus pies en el ecosistema, humano y natural, con fuerza y sin ambages.

Hay otros episodios de su visita que son notables. Y otros que serán borrosos y altamente cuestionables, como la presencia del obispo Eguren en Piura, o el no reunirse con las víctimas del Sodalicium, al que está vinculado este prelado. Uno quisiera que en eso tuviera la misma claridad, la misma cercanía que tuvo con los indígenas amazónicos. Pero no se puede negar que, luego de su presencia en Puerto Maldonado, algo cambió.

Al menos, el poder, de todo calibre, se dio cuenta de que uno de los hombres más poderosos e influyentes del mundo llegó un día allí, dijo lo que pocos se atreven a decir desde sus oficinas con pinta sepulcros blanqueados. Se atrevió a llamar a los dramas por su nombre y abrazó a una víctima que el Estado zamaqueó sin compasión. Santiago y Francisco, ese viernes 19 de enero del 2018, hicieron historia, desde la humildad.


Escrito por

Ramiro Escobar

Periodista. Especializado en temas internacionales y ambientales.


Publicado en

Kaleidospropio

Sobre el mundo, la vida y nuestra especie