¿Dónde está César Hinostroza?

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Tormentas e incertidumbre

La VIII Cumbre de las Américas se inició en medio de graves turbulencias internacionales. No queda claro si habrá consenso sobre la Declaración Final.

Publicado: 2018-04-14

Viernes 13. Un día considerado de mala suerte en varios países debido a la ocurrencia de desgracias históricas (como la caída del avión de los ‘sobrevivientes de los Andes’, en 1972). Un día, este año, en que se confirmó el asesinato de tres periodistas en Ecuador; en que Donald Trump anunció el inicio de un bombardeo en Siria; y en que se inició la VIII Cumbre de las Américas en Lima en medio de este tumulto global. 

También en medio de ausencias notorias. No vinieron Raúl Castro, el presidente de Cuba; Nicolás Maduro, el mandatario venezolano, a quien el gobierno peruano le retiró la invitación; Salvador Sánchez Cerén, el presidente de El Salvador; Jimmy Morales, el jefe de Estado de Guatemala; Horacio Cartes, el mandatario paraguayo; Daniel Ortega, el presidente de Nicaragua; y tampoco Donald Trump, el actual jefe de la Casa Blanca.

Esta última ausencia, por supuesto, ha sido la más notoria. Esta Cumbre fue promovida en 1994 por Bill Clinton, el entonces presidente norteamericano, con el objeto de crear el Área de Libre Comercio de las Américas. Los mandatarios del país más poderoso del mundo casi nunca faltan (Clinton no estuvo en la de Santa Cruz, en 1996, pero mandó al mediático Al Gore). Trump, pocos días antes, anunció que no vendría, supuestamente porque se venía la tormenta en Siria, aunque podría haber más factores gravitando en esta decisión. Entre ellos, su alta impopularidad en la región y, finalmente, la poca importancia que le da al llamado ‘patio trasero’ de EEUU.

No nos engañemos. El país más poderoso tiene, hace años, otras prioridades de política exterior: Medio Oriente, Afganistán, Europa, Rusia, China. América Latina la mayoría de la comunidad interamericana) no está siempre sobre el escritorio central del Salón Oval de la Casa Blanca. Pero justamente estas Cumbres fueron la oportunidad para que Clinton, George W. Bush y Barack Obama dijeran “aquí estoy, sí me importa la región”. Trump acaso desperdiciado la oportunidad.

Ni su glamorosa hija, Yvanka Trump, ni su vicepresidente, Mike Pence, tienen su peso global. Pence se quedó en Lima, y habló contra Cuba y Venezuela, pero acaso lo más notorio que nos quedó de la presencia del gran país del norte fue la conferencia de emprendedoras de Yvanka y la atención algo obsesiva de alguna prensa por sus vestidos. Ciertamente, el aparato diplomático de EEUU sigue actuando en otros ámbitos, menos visibles. Pero no se ha sentido su peso en esta reunión.

La ausencia de Cuba puede tener dos interpretaciones. Una es que, dentro de apenas cinco días, el 19 de abril, se producirá -más de 50 años después- la salida de un Castro de la presidencia de este país y probablemente la entrada de una nueva generación en el poder. Otra, sin embargo, es que sea un velado gesto de solidaridad con Maduro, en la medida que el gobierno cubano ya había marcado distancias con su ‘des-invitación’.

Sin Trump, sin Castro, sin Maduro la Cumbre, según el sentido común político circulante, carece de interés. ¿Es realmente así? Aceptemos que esto le quitó, digamos, emoción, teatralidad, al cónclave. Pero han pasado una serie de cosas que, para ojos más atentos, podrían revelar algunas claves de lo tormentosa que es la política en la región. Una de ellas, dramática, es el asesinato de los tres periodista el diario El Comercio de Quito. Cayó como un meteorito terrible cuando los mandatarios aún estaban llegando.

Los familiares de los colegas estaban en Lima. Lenín Moreno, el presidente de Ecuador, tuvo que abandonar nuestra capital y literalmente volar a su país para confirmar la desoladora noticia. El crimen infame, además, motivó unas declaraciones de Juan Manuel Santos, el presidente de Colombia, pues los perpetradores, según todos los indicios, son un grupo disidente de las FARC, aliado con el narcotráfico.

Como dijo Santos, las FARC ya no existen (ahora son las Fuerzas Alternativas Revolucionarias del Común, en la legalidad). Pero la violencia de grupos fuera de la ley sigue vigente en Colombia. Con estos disidentes del ex grupo guerrillero, con lasBandas Criminales (Bandas Criminales), con el Ejército de Liberación Nacional (ELN), en negociaciones con el gobierno. En la región, en suma, no han callado las armas.

Con esas dos espadas clavadas en medio de la Cumbre (lo ocurrido en Siria y Ecuador), quedan los temas de corrupción y democracia, que sí estaban en la agenda de esta cumbre inesperadamente borrascosa. Según ha trascendido en algunos diarios, el 'Compromiso de Lima ya está listo y aborda temas como el financiamiento de los partidos, las compras gubernamentales, medidas contra el soborno y el cohecho.

Los cancilleres de los 34 países asistentes ya habrían calibrado el texto, que estaría listo para su firma hoy. Pero siempre cabe la posibilidad de que haya dudas, políticas y existenciales, en la medida que varios, demasiados, países (y hasta mandatarios) de la comunidad interamericana están involucrados en el caso Lava Jato, que ha tenido la penosa virtud de provocar una suerte de unidad en la corrupción. Sus tentáculos llegaron hasta México, Venezuela, Perú, Ecuador, Colombia, Panamá y, por supuesto, Brasil.

Michel Temer, el presidente brasileño, involucrado en este caso tanto como el ahora preso Lula, está en Lima. Por supuesto, puede firmar, porque es probable que el texto final no mencione con nombre y apellido a nadie, ni tampoco a la empresa experta en corrupción. Pero va a flotar la duda si lo que allí se diga va a ser creíble, si los compromisos puestos en el papel van a gatillar decisiones políticas en cada país.

Los países no están obligados a hacerlo, pues no hay sanciones por no cumplir los mandatos de las Cumbres. Pero que el tema se saque al menos los pone en evidencia. Algo similar ocurre con el asunto, espinosísimo, de la calidad de la democracia en la región. La imagen de la atormentada Venezuela es lo primero que surge cuando se aterriza en esa discusión. También lo que pasa en Cuba, aun cuando se suele olvidar lo que pasó en Honduras, con sus elecciones amañadas, o la destitución de Dilma Rousseff en Brasil, que cuando menos fue forzada. Difícil encontrar el justo medio en esto.

Tan es así que Lima ha sido escenario de una serie de tumultos políticos importados en estos días. Oficialistas cubanos contra miembros de la sociedad civil de ese país, que vienen de otros países (de EEUU especialmente); venezolanos disidentes que se enfrentan contra partidarios, nacionales y venezolanos, del errático gobierno chavista. Conferencias a favor, en contra -y acaso todo lo contrario- en la Cumbre oficial y en la Cumbre de los Pueblos. No podemos decir que no ha habido intensos rituales políticos continentales en estos días. Como pocas, escasas veces, se ve en nuestra capital.

Anoche ocurrió algo que no es para nada anecdótico. La delegación cubana en pleno se retiró de la inauguración de la Cumbre, cuando comenzó a hablar Luis Almagro, el secretario general de la OEA, quien el día anterior en una conferencia había dicho, sin anestesia diplomática alguna, lo siguiente: "No podemos permitir que el pueblo cubano siga siendo subyugado por una dictadura infame". Si hubiera una sola palabra que aluda a este tema, o a Venezuela, en la Declaración Final, quizás esta no vea la luz, como ocurrió en Ciudad de Panamá, el año 2015.

Tal vez no ocurra eso y hoy tengamos un texto puntilloso, con alusiones a la democracia y sobre todo a la corrupción (sobre la que el presidente Martín Vizcarra ya dijo, en la inauguración, que necesitaba ser combatida con una alianza regional), pero sin pisar callos. Sería un logro, en medio de todo, sobre todo si se tiene en cuenta que estos días han sido inusuales, difíciles, inesperados. Llenos de eventos trágicos y desafortunados incluso.

La política es así. Una puesta en escena, una negociación constante, a veces contra la corriente, numerosas concesiones para evitar mayores tempestades, un verbo que dice y no dice. Hoy, hacia el final de la tarde sabremos qué pasó, qué se acordó, que se dice conjuntamente. O si no hubo consenso alguno. Lo que será difícil olvidar es que esta Cumbre estuvo marcada por la controversia, los intentos de acuerdo y hasta por los ecos cercanos y lejanos de la guerra y la violencia.


Escrito por

Ramiro Escobar

Periodista. Especializado en temas internacionales y ambientales.


Publicado en

Kaleidospropio

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