la mafia no descansa

cristina fernándes y alberto fernández, la nueva fórmula presidencial. fuente: afp

Cristina nunca pierde

La ex presidenta se lanza no a la presidencia, sino a la vicepresidencia de Argentina, en una jugada con la que busca rayar la cancha política

Publicado: 2019-05-20

Se ha vuelto un personaje inevitable, cuestionable, impermeable, imprescindible para algunos. No le entran balas, ni cansancios; a sus 66 años se siente en forma política y acaba de realizar una jugada que, en primera instancia, parece magistral: no lanzarse a la presidencia de Argentina, para evitar incendios incontrolables, sino a la vicepresidencia, de modo que, si su fórmula gana, no estará en el sillón presidencial, pero sí en todas partes. 

Cristina Fernández, viuda del ex presidente Néstor Kirchner, marca a fuego la política del país sureño con fuerza desde el 2007, cuando ganó por primera vez las elecciones, aunque ya antes pesaba como Primera Dama al lado de su esposo. Gobernó por dos períodos (2007-2011 y 2011-2015), en los que llevó a su país hacia el ahora ya algo agotado eje de la centro-izquierda latinoamericano, no sin serias acusaciones de corrupción.

¿Por qué ha decidido quedar, aparentemente, en un segundo plano? En algunos países, y dependiendo del contexto político, la vicepresidencia es un cargo borroso, meramente nominal, que apenas sirve para que alguien reemplace al presidente mientras viaja. Que sólo significa algo si hay una seria crisis política. En este caso, claramente no es así. La ex mandataria se ha puesto allí por varias razones estratégicas bastante bien calibradas.

Primero, para darle posibilidades de ganar al peronismo, que se debate –y hasta se enreda- en diversas fórmulas que tratan de interpretar a un movimiento político que tiene múltiples caras, tantas como las que se ven en cualquier marcha que se puede apreciar en las calles de Buenos Aires casi todas las semanas. Cristina pretende ser el factor catalizador, la carta ganadora, pero a partir de un encuadre curioso y funcional.

El candidato a la presidencia, al lado del cual irá, es Alberto Fernández, ex jefe de gabinete de su esposo y de ella misma en los gobiernos pasados de la ‘dinastía Kirchner’. Una cara vista como más amable, con tufo concertador, menos dado a producir muchas chispas con sus declaraciones, como si lo hace continuamente Cristina. Un ex opositor de ella, incluso, cuando en su segundo gobierno las cosas comenzaron a trastabillar con fuerza.

Así las cosas, Cristina estará en la campaña, pero la cara oficial, no tan controvertida, será Fernández, quien puede provocar menos repelencia en los sectores ciudadanos no peronistas; mientras que la ex presidenta quiere ser el rostro del triunfo, el que puede hacer ganar al legendario Partido Justicialista, una vez más, sobre todo en tiempos en que el desastre económico de Mauricio Macri se ha pronunciado (47% de inflación en el 2018).

Tan fuerte es el aura de Cristina que algunos peronistas, digamos, intermedios –ni kircheneristas ni macristas- como Sergio Massa, ex candidato presidencial, habrían considerado por un momento  no concurrir con el rótulo de ‘Alternativa Federal’ a las Primarias Abiertas, Simultáneas y Obligatorias (PASO) del próximo 11 de agosto. Al final, han anunciado que irán por su cuenta, pero  resulta obvio que les será muy difícil competir con la influyente Cristina.

Las cartas están aún abiertas, aunque no es descartable que a la hora de la verdad todos los brazos del peronismo se pongan detrás de la fórmula Fernández-Fernández en esas elecciones previas donde se deciden las candidaturas para el 27 de octubre. Las encuesta, para esos comicios y para los del PASO, dan a la ex mandataria amplia ventaja, si es que se lanzaba. Ahora es muy probable que sus devotos y otros ciudadanos entiendan la jugada.

El otro motivo es, evidentemente, judicial. Cristina tiene varios procesos judiciales encima y por lo menos cuatro más que se le podrían abrir. Si no está con prisión preventiva, a la peruana, es porque es senadora desde diciembre del 2017 y eso le otorga inmunidad. No hay mayoría -ni peronista y de otras bancadas- en esta cámara que esté dispuesta a quitarle ese privilegio y, por eso, es libre de jugar al ajedrez político de alto nivel.

Este martes 21, además, se sentarás por primera vez en un banquillo de acusados, lo que sugiere que su decisión de lanzarse está bastante bien calculada en el tiempo. Puede ir allí, pero no irá a prisión mientras siga siendo senadora y no sea desaforada. Si su fórmula gana en octubre ella, como vicepresidenta, pasará a ser Presidenta del Senado (así lo establece la ley en Argentina), con lo que seguirá gozando de inmunidad.

Una jugada casi perfecta si todo sale bien, es decir si los Fernández-Fernández son elegidos como candidatos en agosto y si luego vencen en las generales de octubre, desenlace bastante posible dado que ni siquiera Macri está totalmente seguro de lanzarse (se sabrá el 22 de junio, fecha límite, o antes). Y aún si lo hace (va segundo en las encuestas) sus probabilidades de ganar no suben como sube la inflación en su país.

El partido no está ganado, sin embargo. En Argentina, para vences en primera vuelta, se necesita el 45% de los votos, o el 40% pero una ventaja de al menos 10% sobre el segundo en carrera. La fórmula ‘cristinista’ sin duda tiene fuelle para, por lo menos, llegar a una segunda vuelta. Pero si eso es así, si no gana en primera, la cancha política del hermano país puede volverse bastante tóxica, o tensa como una final futbolística.

Hay muchas, muchas, municiones para dispararle a Cristina por los casos de corrupción en los que se ha visto involucrada, que incluyen hallazgos escandalosos; en tanto que a Macri, o a quien lo represente, se le puede imputar el naufragio económico actual, que no llega a los alarmantes niveles venezolanos, pero sí ha hecho que buena parte de los argentinos se pregunten si el tiempo pasado no fue tan peor.

Por eso es que, en estos días ya tormentosos, mientras Cristina se lanzaba luego de presentar sus libro rotulado ‘Sinceramente’, el actual presidente al enterarse de la jugada ‘neokirchnerista’ llamaba a “no volver al pasado”. Tendría más eco, si el presente fuera prometedor. Pero no estamos en tiempos en los que la esperanza, o el simple deseo de alivio de la crisis, pueda esperar. Aún si la alternativa al frente es lo viejo riesgoso, sospechoso y conocido.

Sinceramente, no me atrevo a lanzar un pronóstico. Porque la política argentina está hecha de tumultos, contradicciones, desenlaces inesperados. Cristina Fernández, como fuera, está nuevamente en carrera. No quiere perder. No quiere salir de escena. También quiere salvarse de la prisión. La pregunta es si los Fernández-Fernández, o los Macri y alguien más pueden salvar a Argentina de la crisis crónica en la que vive sumida.


Escrito por

Ramiro Escobar

Periodista. Especializado en temas internacionales y ambientales.


Publicado en

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